Informe Especial

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Fecha de Creación: Octubre 2010

Refrescos a gran escala

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Los venezolanos consumen más de dos mil millones de litros de gaseosas al año. Estas generan, junto con los jugos pasteurizados, los más altos niveles de facturación entre las bebidas sin alcohol

Para nadie es un secreto que el refresco es uno de los productos favoritos en el país; tiene una alta penetración en la población que lo convierte en uno de los invitados permanentes en hogares y otros espacios de consumo. Incluso, cuando hoy en día los venezolanos buscan más ofertas a la hora de comprar alimentos, las gaseosas son una opción que no se deja de adquirir.

Hasta 2009, en Venezuela el consumo per cápita de esta bebida era de 81 litros al año. El número surge al hacer la división del consumo total en el país, al 31 de diciembre de 2009, que se ubicó según la empresa de investigación de mercados Euromonitor International en 2 mil 300 millones de litros, entre una población estimada de 28,4 millones de habitantes, según la proyección para 2010 del Instituto Nacional de Estadística (INE).

No obstante, el mercado nacional todavía está lejos de dos de los más importantes de la región: México y Chile. En el país fronterizo con Estados Unidos, la ingesta per cápita de refresco entre sus habitantes se estacionó, en 2009, en 151 litros al año; mientras que en el vecino suramericano llegó a 120 litros anuales. Pero en Venezuela el negocio de refrescos sigue siendo importante, en términos de volumen, pues hay que tomar en cuenta que mexicanos y chilenos están entre los cinco más grandes consumidores de estas bebidas carbonatadas a escala mundial.

Desde hace un buen tiempo ya son tres los actores que se disputan las preferencias entre los bebedores de refrescos en el país. A los tradicionales rivales Coca-Cola y Pepsi se sumó Ajeven, que entró al país primero con Kola Real para luego comercializar Big Cola. Estos protagonistas, que además acompañan su opción de cola negra con las versiones light (los dos primeros) y los refrescos de sabores, se reparten la torta nacional. No es poca cosa: las bebidas carbonatadas, junto con los jugos pasteurizados, generan los más altos niveles de facturación entre las bebidas sin alcohol.

Si se descansa la mirada en el porcentaje de venezolanos que aseguran probar refrescos regularmente, la presencia de las burbujas es imponente. La analista de mercado Datanálisis, en su investigación “Penetración de las principales categorías de consumo masivo” en marzo de 2010, encontró que las gaseosas tienen un alcance en hogares nacionales de 88,7%. En tanto, en el estudio de la empresa Datos “Pulso Consumidor” este indicador, a octubre del año en curso, refleja 86,8% (Ver infografía).

Es también el refresco un producto verdaderamente democrático. La razón es muy sencilla. Si se observa más detalladamente, se confirma científicamente que ricos y pobres lo toman, aunque en diferentes proporciones. Por nivel socioeconómico, en el estudio de Datanálisis se indica que el consumo de refrescos se distribuye en 2,1% para la clase AB, 17,2% para la C, 36,3% en la D y 44,5% entre los del estrato E.

Adicionalmente, los números de Datanálisis también permiten sopesar entre hombres y mujeres en cuanto al gusto por los carbonatados. Acá el resultado es parejo con un 50,3% para los hombres y 49,7% para las mujeres, lo que demuestra una de las características de este producto: sus numerosas marcas, sabores y tamaños pueden ser consumidos por todo el grupo familiar.

Entre burbujas

Entre las compañías que comercializan refrescos es costumbre expresar en millones de cajas la medición del volumen de consumo. Cada caja comprende el equivalente a 24 botellas de 8 onzas, es decir, 5,7 litros aproximadamente. Así las cosas, los 2 mil 300 millones de litros que se colocaron en Venezuela durante todo 2009 representan unas 404 millones de cajas.

Lo curioso, en todo caso, es que Venezuela sigue manteniendo su particularidad con respecto al resto de los mercados latinoamericanos. El de fronteras adentro es un mercado “muy dulcero” o de tendencia hacia los refrescos saborizados. Mientras en la mayoría de los países de la región 70% de las ventas se orienta hacia las colas negras y el 30% restante a los sabores, acá el reparto es de 52% y 48%, respectivamente. En un período del último lustro, incluso, llegó a ser de 50-50, según los que manejan el mercadeo de este sector.

La atipicidad anterior explica por qué parte del esfuerzo publicitario y de marketing de las compañías refresqueras, durante los últimos ocho años, se ha expresado en el lanzamiento, algunos temporales y otros que aún se venden, de productos con sabores diversos y el reforzamiento de los ya existentes.

Si lo vemos en detalle, estos son los casos de los sabores Parchita y Mandarina de Hit, la versión Vainilla de Coca-Cola, Quatro y Senzao, de la empresa con la cola de etiqueta roja; la versión Naramango de Golden, las ediciones especiales de Pepsi y la entrada de la bebida H2Oh!, hechas por la división de refrescos de Empresas Polar, a las que se suma la gama de sabores First que fabrica Ajeven.

La categoría de las versiones light es la más pequeña. No obstante, en los últimos años ha registrado una tendencia creciente. Para el año 2002 representaba 2,2%, pero hoy en día ese número aumentó hasta 5%. Parte de ello se explica con la entrada en el juego de las versiones ligeras de 7Up y Chinotto, más el robustecimiento de Coca-Cola Light y Pepsi Light. En lo referente a las ventas, estas siguen realizándose mayoritariamente en los canales tradicionales. Así las cosas, uno de los más importantes en valor para la comercialización de las gaseosas son las panaderías. En este sentido, Tomás Ramos, presidente de la Federación Venezolana de la Industria Panadera (Fevipan) –que agrupa al 60% de este tipo de comercios en Venezuela–, señaló que un estudio de la investigadora de mercado Nielsen de este año, realizado con datos aportados por el gremio, reveló que 13% de la compra nacional de gaseosas se hace en panaderías. “Es una cifra importante si se considera que es un producto que se consigue en todas partes”, acota Ramos.
 

 

¡Azúcar!

Los problemas que han aquejado a la productividad de las empresas en Venezuela no son ajenos a las refresqueras. Por ejemplo, a finales del año pasado se conoció que una caída en los inventarios de azúcar puso en peligro la producción de este producto junto con la de los jugos de pulpa de frutas.El director de la Asociación Nacional de Bebidas Refrescantes (Anber), Abelardo Daza, alertó incluso que la falta de esta materia prima podía generar la paralización programada de varias compañías. De hecho, informalmente se vio que las gaseosas escasearon a comienzos de año. Sin embargo, esta falla parece haber sido subsanada toda vez que las compañías no reportaron ninguna baja en su producción.

Gonzalo Rodríguez

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