Opinión

Victor Guédez

Perspectivas de la RSE: los cuatro planos de una misma secuencia

Victor Guédez
Coordinador especializado en RSE de la UNIMET

Las perspectivas siempre están integradas por diferentes planos en sucesión. Cada uno de ellos ocupa una instancia de una misma distancia que se profundiza en función de la visión que se quiera alcanzar. Esta clarificación es fundamental para identificar gráficamente los cuatro planos de la responsabilidad social empresarial.

La explicación inicial que se impone se relaciona con la propia lógica del esquema. Hablamos del "porqué" y del "para qué" como los primeros planos, y ellos se asocian con las causas y objetivos de la RSE. Muchos pensarán que hay otras causas y que los objetivos están muy limitados, pero ello se explica en función de que debemos partir de lo básico para desarrollar una complementación incremental. Después hablamos del "porqué del porqué", que nos remite al origen, y del "para qué del para qué" como el plano más profundo que recoge las finalidades. Comprender esta perspectiva permite tener una idea más adecuada del tema. Todo lo que se hable o disponga sobre RSE tendrá relación con estos planos. Algunas empresas podrán precisar sus expectativas hasta una determinada instancia y otras pretenderán un nivel más prolongado. Por eso, este cuadro sirve para analizar y evaluar las propias proyecciones y ambiciones que pretendamos en esta materia.

El esquema nos pone primero en contacto con el "porqué" de la RSE, y ahí aparecen tres términos esenciales: retribución, reciprocidad y corresponsabilidad. Cuando hablamos de retribución pensamos en que todo lo que la empresa es se lo debe a la sociedad y a sus trabajadores. Ella nació a partir de las condiciones que la sociedad le proporcionó; creció porque la sociedad le aportó las realidades favorables para su desarrollo. Igualmente, ella puede trazar sus planes futuros porque la sociedad le reporta el panorama de su horizonte. Y todo esto se debió, además, al capital intelectual que la misma sociedad formó y le facilitó. La empresa debe retribuir, de alguna manera, lo que ha recibido. Retribuir aquí se complementa con la idea de reciprocidad, y no olvidemos que la reciprocidad es el primer deber de la gratitud. Por otra parte, la reciprocidad recuerda que entre empresa y sociedad hay una relación interactiva e iterativa. Ello significa que una y otra se alternan como sujeto y objeto de esa dinámica. Una y otra ganan en proporciones equivalentes cuando la relación es sana. Una y otra aprenden como resultado de esa acción de retribución-reciprocidad. Este binomio se hace triángulo cuando incorporamos a la corresponsabilidad, la cual sugiere que, aunque no seamos responsables "de" todo lo que ocurre, si somos responsables "ante" todo lo que ocurre. En consecuencia, debe aceptarse que cuando se es corresponsable, además de ser responsables de lo que hacemos, tenemos también que ver con lo que hacen los otros, con los que compartimos propósitos.

Dentro de este marco se ha concebido la relación gobierno-empresa-sociedad civil, que resulta esencial para la sedimentación estratégica de la RSE. El gobierno (nacional, regional o local) representa la instancia reguladora; la empresa encarna el sector productivo privado, y la sociedad civil se identifica con las organizaciones no gubernamentales, agencias de voluntarios, organizaciones de desarrollo social, iglesias, medios, asociaciones industriales, sindicatos e instituciones académicas. Lo ideal sería que se armonizaran las prioridades de los gobiernos, las capacidades de la sociedad civil y las estrategias e intereses de las empresas, para enfocar las acciones hacia la superación de las necesidades de la comunidad. Debe pensarse no sólo en intersectorialidad, sino también en complementariedad. Lamentablemente, la dureza de los tiempos promueve más conflicto que armonía en estas interacciones. En todo caso, hay que aceptar que el fracaso de una experiencia no invalida la legitimidad de una idea.

Llegamos así al segundo plano: el "para qué" de la RSE, el cual se asocia, según nuestro esquema, con los objetivos de la acción responsable. En esta instancia queremos anticipar que la imagen tiene que ver con la manera como el público percibe y recuerda a una empresa. Por su parte, la reputación no se vincula tanto con el público en general, sino con los sectores que guardan una relación directa con la empresa. Ella revela la manera cómo los consumidores y demás grupos de relacionados valoran y aprecian a los productos y servicios después de compararlos con los que ofrecen las empresas análogas. En este orden, el posicionamiento representaría la preferencia y selección de esos productos y servicios después de compararlos. Entre reputación y posicionamiento existe una estrecha relación, la diferencia básica es que la reputación condiciona al posicionamiento y no al revés. Es preciso subrayar que la imagen, la reputación y el posicionamiento configuran el triángulo definidor de la competitividad de una empresa, es decir, el grado de sobrevivencia y el lugar de primacía que ella ocupa como resultado de su capacidad para sintonizarse con las necesidades, expectativas y éxitos de los clientes. Antes, el posicionamiento se debía al producto mismo, a su calidad, al servicio prestado, o a la innovación. Estos factores han evolucionado hasta llegar a la ética y a la responsabilidad social como factores clave del posicionamiento.

El tercer plano de nuestra perspectiva es el de la ética que revela el "porqué del porqué" de la RSE. La ética en sus auténticos alcances es de naturaleza social: no hay ética sino en el marco de las relaciones con los otros y con nosotros mismos. Ella es el ejercicio de la libertad en el marco de la libertad de los demás. Es el ejercicio de los derechos en función del ejercicio de los derechos de los otros. Es el ejercicio de los deberes junto con el ejercicio de los deberes de los semejantes. Otra vez debemos decir que el problema ético más importante es el problema social: la ética se pone en práctica al entrar en escena los otros. Cuando confrontamos las decisiones con la conciencia, queremos tener la compensación de "la moral en alto", pero resulta que no se puede estar bien consigo mismo sin estar bien con los demás, y al revés: no se puede estar bien con los demás si no se está bien consigo mismo. Así se legitima el aforismo de San Agustín: para que exista la paz social, los hombres deben estar primero en paz consigo mismo. Esta idea se replantea en el campo de lo empresarial: para que una empresa esté bien, debe, primero, estar bien con la sociedad, y no se puede estar bien con la sociedad si no está bien con ella misma.

Lo más profundo de la perspectiva de la RSE está conformado por tres conceptos básicos, como son: los derechos humanos, el capital social y la sustentabilidad. Realmente la calidad de vida en función del respeto a los derechos humanos, el tejido solidario y armónico derivado del capital social, y el mundo equilibrado entre lo económico, lo social y lo ambiental en el marco de la sustentabilidad, son los puntos de fuga que establecen la orientación de la RSE. Si estos enunciados resultan muy abstractos, es recomendable que se recurra a las siguientes referencias: La Declaración de los Derechos Humanos (ONU) que son puntualizaciones para los Estados, empresas y sociedades. Además, son de carácter universal y consensual, así como indivisibles. En el año 2003 se decretaron 16 normas para empresas.

Los objetivos del Milenio (ONU), que están asociados al desarrollo del milenio y se estructuran a partir de 8 objetivos, 18 metas y 48 indicadores. Persiguen eliminar la pobreza y favorecer el desarrollo humano. La Agenda 21 (ONU), que está conformada por objetivos relacionados con el siglo y atienden lo social, lo económico y lo ambiental.

El Pacto Global (ONU), que es de adhesión voluntaria por parte de las empresas, y perfila un compromiso en función de principios sobre derechos humanos, normas laborales, ambientales, corrupción y transparencia.Si la revisión de estos documentos promueve la sensación de una desagregación muy expansiva, convendría entonces reenfocarlos a la luz del siguiente diagrama de la sustentabilidad.

Este esquema introduce las resonancias que surgen con las intersecciones ocurridas entre los tres factores de la sustentabilidad. Esto, además de servir de marco para orientar las políticas públicas en materia de desarrollo, debe igualmente pautar las proyecciones estratégicas de las empresas. En última instancia, la idea de sustentabilidad es la mejor definición operativa de la responsabilidad social empresarial.

Victor Guédez

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